Downsizing: camino al minimalismo II

Los zapatos son objetos de deseos en todo el mundo. Muchas mujeres consideran que si los zapatos son espectacularmente bellos, el outfit pasa a un segundo plano. Soy la excepción. Lo único que compensa (para mi!), un outfit desastroso, el cabello mal arreglado, la cara pálida,  los brotes de espinillas, y las uñas sin pintar, es una buena cartera con tu mejor sonrisa.

Los zapatos no han sido nunca mi fuerte, puedo repetirlos una y mil veces, para mi es irrelevante las veces que los uses. Cuando comencé a depurar mi closet, hallé zapatos, que no usaría en mil años, son proveedores de callos, con o sin curitas, en el pequeño y siempre maltratado dedo meñique. Otros, debieron descansar en paz hace mucho, pero siempre tienes la expectativa de volverlos a usar o ver que otro arreglo puede hacerle el zapatero como por quinta vez; y está los zapatos que me regalan otras personas, que son de “marcas caras”, que supuestamente son mi estilo o ellas no lo usan, pero es mi size.

Recuerdo un par de tenis que saqué para usarlos una tarde, los había comprado tiempo atrás y la verdad es que fue una compra impulsiva, por tanto, no lo usaba a menudo. Esa tarde me dispuse a usarlos, y como por arte de magia se convirtieron en polvo, yeap, yeap..en polvo! Toda la goma en la parte inferior se desmoronó, y se convirtió en un manojo de virutas de goma blanca, desparramada en el parqueo de mi edificio.

Demasiados zapatos. Hubo momentos que parecía mejor tenerlos en sus respectivas cajas y bolsas, para poderlos apilar. La realidad de la historia es: que lo que no se ve, no se usa; y lo que no se usa, se maltrata.

Me puse una meta, conservar solo aquellos que cumplieran tres objetivos:

  1. Cero callos. Unos pies adoloridos, es como la crónica de una muerte anunciada.
  2. Multitasking. Debían funcionar para el día o la noche, en algunos casos, y debía combinar con múltiples outfits, eso de tener unos zapatos de tacón de aguja, stilettos, amarillos e imitación de piel de serpiente,  era complejo para combinar, believe me, been there, done that.
  3. Espacio restringido. De tener todo el walking closet lleno de zapatos, lo limité a un pequeño mueble que puse en una pared del mismo. Es un revistero en madera, que perteneció a mi abuela materna; adoro ese mueble, me recuerda mi infancia y la pila de facturas, periódicos y revistas que mi abuela acumulaba. Confieso que ésta última parte es el lado triste de la historia, porque casi enloquecía cada vez que veía la pieza atestada de cosas, sin un orden aparente.

Muchas lectoras estarán o no de acuerdo en mi método, pero creo que me ha funcionado a la perfección. Vivir un estilo de vida en vías al minimalismo, me hace sentir más ligera, con solo lo necesario.

No me malinterpreten, no es que no me gustan los zapatos, o que no compraré más. Por primera vez experimenté el comprar lo que me gusta combinado con el momento justo en que lo necesito, no cuando creo que lo necesito solo porque me gusta.

…el momento justo en que lo necesito, no cuando creo que lo necesito solo porque me gusta.

Cuando trabajo en el closet de un cliente, me encanta ver como la gente adora sus pertenencias y tiene grandes historias con ellas. Creo que las personas debemos hacer las cosas que realmente nos hagan felices y rodearnos de lo que nos conduzca a ello. Yo creo que nacimos para ser felices.

Volviendo a mis zapatos, he logrado acumular la suma de Once pares de zapatos, incluyendo mis botas de agua, vivo en un país donde cualquier día llueve, mis tenis para ejercitarme, los pobres, los destruyo y luego los sustituyo, qué destino el suyo!            Además de las sandalias que uso para el pedicure en el salón de belleza, porque en mi casa, estoy todo el tiempo descalza. Mi abuela, me lo advirtió “pies descalzos, cero puente”…no se equivocó.

En fin, hoy en día me toma menos tiempo prepararme para una reunión, es como si ganara más tiempo; sigo siendo coqueta, “agentada” o “comparona”, según el pueblo de donde provengas.

Junto con esta nueva filosofía de vida viene un sentimiento de empoderamiento de mi vida, de mi entorno, de mi entrega a los demás, de vivir más y mejor, a plenitud. De disfrutar más de las cosas que amo hacer, sin distracciones, insisto, ligera de carga.

Estos pequeños cambios, que les seguiré relatando, me han transformado, y me conducen a una mejor YO.


Nathalie Navarro | Dominican Organizer

 

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